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INTRODUCCIÓN

Recoger datos sociales en territorios con elevada incidencia de violencia es un enorme desafío ético y metodológico, común en países latinoamericanos que presentan las tasas de homicidio más altas del mundo. Tanto si la violencia es el propio objeto de análisis como si se trata de estudiar otras dimensiones sociales en contextos violentos, los manuales de metodología y las normas deontológicas de los investigadores sociales suelen enfrentarse a situaciones no previstas que dificultan el acceso a las poblaciones investigadas, limitan las opciones metodológicas, cuestionan los principios éticos al uso, comprometen la validez de los resultados y someten a todos los participantes, investigadores e investigados, a riesgos que es necesario minimizar.

Por su excepcionalidad, estas circunstancias no han sido tratadas con mucho énfasis en la literatura especializada y las experiencias de los investigadores que trabajan en estas situaciones no suelen ser sistematizadas ni difundidas.

Para ayudar a remediar este vacío y para contribuir a la reflexión de personas e instituciones que se aventuren en esta difícil área, la Red de Conocimiento sobre Seguridad Ciudadana (CONOSE) propone este Protocolo Técnico para Investigaciones de Campo en Contextos de Violencia, que ofrece recomendaciones para abordar las cuestiones éticas y metodológicas que surgen en las investigaciones realizadas bajo estas circunstancias. Este protocolo ha sido el resultado del intercambio entre investigadores con experiencia en el tema en América Latina, particularmente en Centroamérica, y recoge también contribuciones de la escasa literatura académica existente.

A pesar de los riesgos involucrados, no se puede olvidar que las investigaciones de campo en contextos de violencia pueden ser muy necesarias para la sociedad. El diseño de políticas de prevención de la propia violencia, por ejemplo, necesita contar con un conocimiento preciso de esta realidad.

En esta área, no existen recetas ni prescripciones que puedan ser adoptadas de la misma forma en todos los lugares. Sin embargo, es posible y necesario enumerar cuestiones sobre las que se debe reflexionar, de preferencia antes de comenzar la investigación, para intentar mantener un patrón ético en la conducta investigativa y para minimizar los problemas metodológicos que la violencia impone, resguardando al mismo tiempo la integridad física y moral de todos los involucrados en el proceso. Es esto lo que el protocolo pretende. Así, su propósito es orientar la reflexión de cada grupo de investigación para que pueda tomar las mejores decisiones en su contexto específico. También, es posible que este documento sirva como estímulo para que instituciones de investigación social elaboren sus propios protocolos institucionales, más específicos y ajustados a la realidad local.

Por otro lado, la intención no es generar un documento labrado en piedra para aplicarlo de manera rígida e inmutable en el tiempo, sino justamente fomentar que el texto pueda ser enriquecido en el futuro con nuevas incorporaciones. Por consiguiente, este instrumento es más un punto de partida que de llegada.

En suma, esta propuesta fue formulada con tres objetivos básicos: (a) mejorar la fiabilidad y validez de los datos y los resultados, ambas características amenazadas por la violencia; (b) mantener un patrón ético de conducta investigativa, incluso en circunstancias extremas; y (c) preservar la seguridad de todos los actores que participan en una investigación.

Dada su naturaleza no prescriptiva, a menudo se ofrecerán varias alternativas o ejemplos de cómo los problemas fueron abordados en algunos contextos. La idea es proporcionar elementos para la reflexión en cada institución. La única convicción inamovible es que los problemas que la violencia genera para la investigación social no pueden simplemente ignorarse.

Las recomendaciones están divididas en tres momentos: (a) diseño de la investigación, (b) preparación y recogida de datos en el campo, y (c) análisis y publicación de los resultados. De cualquier forma, algunos elementos son comunes a varias fases y la separación entre estas no es rígida.

El protocolo está pensado tanto para metodologías cuantitativas como cualitativas que exijan la presencia de los investigadores en áreas donde se cometen actos de violencia. Investigaciones a distancia (mediante encuestas telefónicas, etc.) o basadas en datos secundarios no se contemplan aquí. Por otro lado, este ejercicio fue pensado para contextos con alta incidencia de violencia criminal o de violencia política, pero no para violencia doméstica, por ejemplo, considerando que el modo en que esta última afecta a la investigación es muy diferente al de las otras dos.